La crisis griega

Ayer se celebraron nuevamente elecciones generales en Grecia, pero esta vez nadie osó calificar la jornada de fiesta de la democracia. Todo un detalle.

En este post miraré de poner en contexto los comicios de ayer, ¿en qué condiciones ha llegado Grecia a estas elecciones?

Como es sabido, Grecia arrastra una crisis muy honda, que, como en el caso de España, va más allá de la crisis financiera. No sólo es que haya un volumen de deuda que entorpezca el crecimiento económico, sino que las tasas de paro son muy elevadas y el Gobierno Griego sufre lo que desgraciadamente parece una corrupción crónica. Los países del sur de Europa son quienes más están sufriendo esta crisis, entre otras cuestiones, porque frente al Euro perdieron la autonomía de modificar el valor de la moneda: la moneda única va al ritmo de la Europa competitiva, los países periféricos, para no quedarse fuera de las ventajas del mercado común, asumieron varios riesgos (ahora desatados con la crisis). Para mantener un cierto nivel de competitividad con el resto de Europa la deuda se ha vuelto paradójicamente clave.

Como ya dije aquí, una de las maneras más entendibles de visualizar la crisis europea es imáginándonos que los países son atletas, cada uno de diferentes disciplinas y niveles, obligados a competir en la disciplina que se le da mejor a los atletas más profesionales. Imaginémonos que estamos en el Tour de Francia. Las bicicletas de los países del sur de Europa son más rudimentarias y la preparación física de sus atletas menor, sin dejarnos tiempo para calentar empezamos el Tour y, aunque nos vino nuevo, en un principio todo parecía ir bien: compartíamos un mismo camino y nos era favorable. A la larga el diferente rendimiento de unos y otros se ha ido acentuando y, en este contexto de crisis, el camino compartido ha pasado a ser una cuesta con mucho desnivel y muy prolongada: ahora las diferencias ya no se disimulan, ahora, entre otras cosas, países como Grecia o España no pueden cambiar las marchas de sus bicicletas y se alejan del pelotón.

Lo que sucedió ayer en Grecia, y lo que sucedió con el rescate anunciado por De Guindos, fue la certeza de que vamos a seguir en el Tour y en unas condiciones adversas: los políticos son los coches de equipo que diseñan la estrategia y nos pasan refrescos, estos coches de equipo acordaron con la organización que nos remolcara unos metros (créditos del BCE y FMI), a cambio de una penalización acusada (los intereses de la deuda). La opción de salir del Tour no se baraja. Nos vamos a romper y a lo máximo que podemos aspirar es a que nos remolquen temporalmente a un precio muy caro.

Aquí vemos a un ciclista griego alejado del pelotón y con el político de turno ordenándole que pedalee.

Según cómo queramos elaborar esta metáfora, para considerar el origen de esa deuda, podríamos decir que, de hecho, los ciclistas griegos o españoles remolcamos algunos coches averiados de nuestro propio equipo sin nuestra aprobación y con el beneplácito de la organización del Tour, por lo que nuestro menor rendimiento se ha agravado enormemente con esta circunstancia, de tal modo que cuando dicen que nos van a remolcar a cambio de una penalización lo que quieren decir es que van a remolcarnos para que podamos seguir remolcando a otros. Además de que para el caso griego la organización se ha entrometido varias veces en la estrategia del equipo de manera directa.

Syriza se perfilaba como el partido con más opciones a cambiar esta dinámica de entre los detractores. De los partidos con más intención de voto (los candidatos a diseñar la estrategia del equipo) éste era el más dispuesto a, en ese Tour, renegociar con la organización otras condiciones menos duras de rescate para el equipo griego, entre otras cosas, porque la organización del Tour es la primera interesada en que el equipo griego no abandone. Además Syriza quería cambiar la estrategia del equipo: la única manera que contemplaba de seguir en el Tour era considerar la salud de los ciclisas como algo imprescindible para no caer: algo así como que los coches asuman su propia responsabilidad. Syriza era crítica con la organización del Tour y crítica con la estrategia seguida por el equipo. De alguna forma la mera existencia de Syriza daba esperanzas de cambio a ciclistas de otros equipos del Tour así como generaba recelos en la organización y entre los jefes de equipo de los equipos más competitivos. Tras las elecciones de ayer, la estrategia de equipo griego seguirá al mando de quienes estaban hasta ahora, de modo que el Tour, por ahora, seguirá siendo lo que es. Pero quizás, a modo de opinión personal:

Podéis encontrar consideraciones más serias sobre Syriza aquí, o consultar de primera mano su programa electoral aquí. Cabe señalar, respecto a todo este Tour, que para Grecia hace ya algunos años que se evidencia el desgaste, y es que desde las elecciones del 2007 y con el estallido de la crisis financiera Grecia ha celebrado ya 3 comicios: octubre del 2009, mayo del 2012 y junio del 2012. Nos encontramos, pues, frente a un equipo descohesionado y con fuertes discrepancias internas: un gobierno inestable y una ciudadanía ideológicamente cada vez más dispar en términos cuantitativos.

 

Una vez hecha esta maravillosa metáfora de la crisis, trataré de fijarme en lo que pasó ayer en las elecciones generales griegas.

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